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Curso de Arteterapia

Está abierta la inscripción al Curso denominado Intervenciones Metodológicas en Arteterapia a dictarse en las instalaciones de AABRA Mendoza. Está conformado por 7 talleres, a

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Dirección General: Lic. Alicia Donghi (UBA) Lic. Liliana Vazquez (UBA) /// Dirección AABRA Mendoza: Lic. Laura Alcaraz (UBA) Psicóloga (continua)

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A continuación detallamos la conformación tanto de los Directivos como del Equipo Técnico e Interdisciplinario de la Institución AABRA :   Dirección General: Lic. Alicia

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Notas, noticias, informes, capacitación y otras actividades realizadas por la Institución AABRA Mendoza, agrupadas en esta sección, ordenados cronológicamente.

La ilusión de una adolescencia eterna y… ¡viejos son los trapos!

adolescencia etertna

Por Laura Alcaráz /

La columna Psi de la psicóloga Laura Alcaraz para MDZ. Lo que sucede con aquellas personas que, lejos de aceptar su edad, compiten con sus hijas y nietas, inclusive, para parecer más jóvenes.

Nada nos hace envejecer con más rapidez que
el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.

Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799)

 

El apasionamiento de la sociedad por la juventud puede ser leído como síntoma social, como una forma de negar el envejecimiento. ¿Ilusión de la adolescencia eterna? ¿Deseo de negar la muerte?

En algún momento, sabemos indefectiblemente, que el envejecimiento se va instalando en nuestras vidas de maneras casi imperceptibles. Momento de la temida degradación del cuerpo.

Y entonces…Es posible negarlo. Desmentirlo. ¿Es posible un proceso de elaboración del envejecimiento? ¿Qué es lo que se puede elaborar? ¿La pérdida de la vida? ¿La muerte propia? ¿La muerte de qué..?

La vida va dejando marcas progresivas: la crisis de la mitad de la vida, el alejamiento de los hijos, el retiro del trabajo, la muerte de pares, el cuerpo que ya no es como antes…

Los discursos médicos plantean en la actualidad, una tensión entre el indefectible pasaje del tiempo en el cuerpo y la promesa vía la ilusión de una “juventud eterna”, encarcelando a los sujetos en ideales, caminos generalizables, y a veces irrealizables; en los que la singularidad se desvanece.

Todos intentamos introducir en la vida algún orden de sentido con el que poder otorgarle una coherencia a la propia existencia, y a la vez imprimirle una dirección hacia la cual proyectarse en el futuro. Marco ficcional que nos sostiene, pero no siempre…

Ficción, que en esta época de la vida se desgrana, ya que si bien en el curso de la vida estamos expuestos a ciertas pérdidas contingentes, es especialmente en la vejez cuando se produce un cúmulo de pérdidas que ya no pueden ser consideradas como una contingencia. Estas tienen un carácter estructural o irremediable: en el cuerpo, en la mente y en los vínculos sociales.

¿Qué relación pude establecer con mi propio deseo, en el corto espacio de tiempo entre mi nacimiento y mi muerte? Cuando el sujeto situado en el extremo último de su vida, revisa lo que ha hecho, la sensación de pérdida puede intensificarse y sin lugar a dudas, esto solo depende de uno mismo.

También puede el sujeto impulsarse y enfrentar el desafío de mantener la vida. Sujeto que puede sostener sus deseos y continúa proyectándose. Ni viejo, ni trapo, el deseo nos hace únicos. En esta etapa de la vida, con mayor énfasis que en otras, tendremos el desafío de  renunciar a la “plenitud” ilusoria, ya que es allí donde el deseo encuentra su posibilidad de movimiento.

El deseo surge a partir de la palabra, de nombrarlo. Nombrar la vejez, la muerte, la enfermedad, los miedos, las ilusiones… Nombrar lo nombrado y por detrás de ello lo innombrable.

Enfrentar el sin-sentido e intentar arreglárselas con él.

Para Freud la única manera de soportar la vida es aceptando la verdad de nuestra condición. No somos como desde nuestros ideales querríamos ser, acercarse a ello, intentar aprehenderlo, y ponerlo en palabras, hace más soportable la vida. Nunca se está a la altura de los ideales de belleza o de perfección.

Tal vez en esta época de la vida, se trate de inventar un nuevo modo de vivir en el que el sujeto pueda, por fin, reírse ante el sin-sentido.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
www.aabramendoza.com.ar

Mendoza en el diván: la provincia tuvo su sesión terapéutica y así le fue

mendoza en el divan

Por Verónica Gordillo y Jimena Catalá /

Cual sujeto neurótico, la provincia, se recostó e hizo frente a preguntas como ¿tiene depresión y letargo?, ¿por qué está en conflicto con otras provincias? Por su parte, los mendocinos ¿modificaron el modo de vincularse interpersonalmente? Aquí la palabra de tres destacados especialistas.

“Hay que mirar pa` dentro si el río va muy seco, debajo de la tierra viaja un océano”. Bebe (cantante española).

Esta frase oportuna da el pie para preguntar: “Y por casa… ¿cómo andamos?”. Durante dos semanas, MDZ se propuso debatir y reflexionar sobre un “cambio de época” desde distintas ramas, actividades y actores. Promediando esta iniciativa, se decidió cuestionar a Mendoza cual sujeto neurótico. ¿Qué le pasa a la provincia? ¿Se respira cierta queja y depresión constante en el ambiente? Y en este clima, ¿cómo están los vínculos interpersonales? ¿Algo cambió? En un “mirar hacia dentro”, Mendoza, se recostó en el diván y respondió.

“La mujer a veces sostenía un vínculo a como diera lugar, fines del XIX principios del XX y hemos pasado a estoy sentado haceme feliz y sino, chau”, señaló la psicóloga Nancy Caballero.

No es necesario tener una mirada socio cultural muy aguda para percibir que algo le sucede a Mendoza, en general; y al mendocino, en particular. Al menos, esta es la hipótesis que se intentó probar a partir de la consulta con analistas y especialistas provenientes de la psicología y la sociología.

“Hemos perdido el rumbo y si miramos a las provincias vecinas que siempre estuvieron atrasadas con respecto a nosotros, nos encontramos con que ellas parecería que están encontrando caminos de crecimiento y de desarrollo”, comentó la socióloga Graciela Cousinet.

Tomando cierta distancia de la cotidianeidad y sin subirse al trajín, uno nota, parafraseando al gran psicoanalista Sigmund Freud, cierto “malestar en la cultura”. Si bien Mendoza, no es una isla; aquí se intentó apartarla del mundo y, en una especie de “cosificación”, ponerla en cuestionamiento.

El debate propuesto estuvo direccionado por dos ejes. El primero, la Mendoza al diván. Las especialistas coincidieron que Mendoza está afectada porque ve crecer a las provincias vecinas –caso paradigmático, San Juan- mientras ella se queda mirando en un “sin rumbo” y en una “dependencia” que nunca antes experimentó.

“A veces, bromeando digo que la falta de yodo nos afecta. Esta lentitud hace que otro se anticipe y que gane la jugada”, dijo Laura Alcaraz desde su mirada psicológica.

El segundo eje, estuvo abocado a los vínculos interpersonales. Las cientistas sociales dejaron en claro que hay un cambio de época al respecto. Los vínculos ya no se entretejen como en el siglo XIX y XX. Los adultos están más perdidos que los jóvenes. Algunos rasgos específicos son: la falta de límites, excesos, vínculos formateados y sin esfuerzo.

-¿Cómo ven a Mendoza en este comienzo de siglo, la encuentran deprimida y aletargada?

 

-Laura Alcaraz (LA): Mendoza tiene mucha cualidad interna que desconoce. Creo que hay una gran capacidad en el mendocino; lo tomo solamente por lo geográfico, porque la geografía marca la cultura, la cultura marca a su gente. Si esta geografía tan árida y resistente pudo ser revertida y construirse un oasis, esto es valiosísimo. Sin embargo, creo que el mendocino no lo ve.

Tanto Caballero como Alcaraz adoptaron a Mendoza para vivir y destacaron a la provincia como “contenedora”.

-Nancy Caballero (NC): Creo que tenemos una calidad de vida y una riqueza grande y no somos capaces de verlo, coincido plenamente con Laura. Esto es lo que más nos ha afectado y está relacionado con lo que me preguntás de la depresión. Hemos estado acostumbrados a la independencia –política y económica-,  teníamos esta cuestión de generar nuestros propios recursos y trabajarlos.

-Graciela Cousinet (GC): En este momento, Mendoza adolece de clase dirigente. Nos encontramos sin dirigentes lúcidos, sin un equipo que sea capaz de pensar a futuro, de elaborar una estrategia que no sea la mera coyuntura. Esto se ve reflejado en el resto de los sectores sociales. Hemos perdido el rumbo y si miramos a las provincias vecinas que siempre estuvieron atrasadas con respecto a nosotros nos encontramos con que ellas parecería que están encontrando caminos de crecimiento y de desarrollo. Algo que nuestra provincia no logra todavía avizorar.

-¿Por qué Mendoza tiene conflicto hoy con varias provincias vecinas, sobre todo con San Juan?

-NC: En los últimos años, ha perdido su independencia. Dependemos mucho en lo económico, en lo político y, por primera vez, competimos –tal vez no de muy buena manera- con los vecinos. Siento que el mendocino ve perder la dignidad propia, que generaba a partir de su propia riqueza. Ahora tener que pedir permanentemente dinero, espacio, pelear con los vecinos, me parece que eso lo ha deprimido al mendocino. Nosotros teníamos ese orgullo de auto abastecernos, de ser autónomos y esto se ha perdido.

-LA: Hay como una gran sensación de quietud, lentitud; a veces, bromeando digo que la falta de yodo nos afecta. Esta lentitud hace que  otro se anticipe y que gane la jugada. Tal vez esto pasa con San Juan, por ejemplo. Pero bueno, tendremos que ver cómo nos agilizamos para ganar terreno.

-NC: Un ejemplo es que Mendoza tiene la Ley de Promoción Industrial desde hace años; es decir que, venimos perdiendo dinero desde hace muchísimos años. Sin embargo, el mendocino nunca se puso en contra de…, porque generaba su propia economía. No dependíamos de un gobernador, porque acá no se elegía más que por cuatro años, acá no se daba el patrón de estancia y poco se dependía del estado nacional.

-La provincia ¿sigue fiel a su calificación de la Mendoza-oasis?

-LA: Para mí sí. Solo que no lo cree el mendocino. Cree que este oasis fue invento de otro, y, debería recordar que fue un invento propio. Es una descreencia de la cualidad propia; creo que esto es un rasgo mendocino. Como dice el dicho ‘dime de qué te jactas y te diré de qué careces’. En algún punto, no se creen que pueden pero cuando pueden, creen que pueden solos. Contradicción típica de los vínculos que nos habita y atraviesa como mendocinos.

-NC: Yo valoro al que sale a regar el jardín a las 2 de la mañana, tenemos más verde que La Pampa húmeda. Esa resiliencia del mendocino que frente a la adversidad, la supera  y continúa. De hecho sostengo que algo que caracteriza la semblanza de Mendoza es, por un lado, como fortaleza esta resiliencia de enfrentar la dificultad y como debilidad el tema de cerrarse.

-GC: Se decía que era un oasis. Mendoza- oasis porque siempre había logrado salir exitosa de los cambios y transformaciones que se iban producciones en los modelos de acumulación del país. Insisto que para mí en la actualidad no encuentra un rumbo. No sabe cómo pararse frente a lo que está pasando. Para mí hay una especie de nihilismo. Es común escuchar ‘contra eso no se puede’. Como una impotencia frente a los poderes, económicos o políticos. Mendoza reconoce que hay corrupción sin embargo dice ‘esto va a ser así siempre’. No hay forma de cambiar lo que uno considera que esta mal. Esto es preocupante.

 

-¿Creen que Mendoza sigue siendo la provincia conservadora, tradicionalista y cerrada?

-LA: Todo lo nuevo y diferente es amenazante y se desconfía. Creo que lo tradicional y la actitud más rígida hacen que nos inhabilite la búsqueda de otras alternativas. Por ejemplo, tenemos a un paso el mar, Chile, y no hacemos ningún tipo de intercambio.

-NC: Podemos hablar de una Mendoza tradicionalista, que a veces es dura en algunas estructuras, puede ser; pero siento que Mendoza se vincula a su espacio físico a su tierra desde el amor, el agradecimiento a la tierra, entonces eso es lo que ha marcado a Mendoza y es lo que no perdemos perder como anclaje. Aceptemos lo nuevo, pero sin perder ese orgullo. Lo de afuera siempre es enriquecedor.

-GC: Creo que está quedando atrás la idea de Mendoza tradicional. Esto es más un mito que otra cosa. Los políticos sí son conservadores pero no la gente. Mendoza se asemeja en posición en los temas conflictivos a todas las grandes ciudades del país. No es una sociedad conservadora; una provincia conservadora es Salta. Sí conservamos un estilo de vida provinciano; pero con una mentalidad que se acerca a la de las grandes ciudades. En el último tiempo se habla del tema aborto, ley de identidad de género, matrimonio igualitario, Mendoza puja en estas temáticas.

-¿Cómo diagnostican los vínculos sociales de esta Mendoza, cómo están la relaciones intersubjetivas?

-NC: Se han modificado profundamente. Son más flexibles y se extienden fuera de la familia. Las personas de más de ochenta años dicen ‘yo no sé tener amigos’, pero en realidad es que antes no lo necesitaban porque los vínculos estaban dados en la familia extensa. Hoy al reducirse la familia, los vínculos más profundos no son cosanguíneos –es decir, intra-familiares-. Los chicos, en el siglo XX, vivían con papá y mamá, los sábados iban a la casa de la abuela materna, los domingos a la paterna, donde se vinculaban a su vez con todos sus primos, tenían los mismos tíos por toda la vida. Ahora los chicos comparten unos días en la casa de la madre, unos días en la casa del padre o entre semana en la casa de la mamá y el fin de semana para pasarlo con el papá, es decir que estos vínculos estables y permanentes desaparecieron.

-LA: En diez años se ve un gran cambio cultural en el que estamos todos embarcados. Una sociedad de consumo, capitalista, que permanentemente nos oferta objetos que se suplantan rápidamente. El objeto ya no tiene esa impronta del cariño, de ‘este reloj lo tengo hace veinte años’; primero, porque se rompen antes, pero sobre todo, porque esto es viejo y necesito alguno nuevo que me llene. Esto marca el vínculo, el psiquismo y la relación con el otro. Entonces si el objeto me da placer, cómo no me lo vas a dar vos y dámelo ya.

-GC: Desde un enfoque sociológico la familia patriarcal -funcional a un modelo agrario- se fue reemplazando a la familia que conocemos hoy funcinal al capitalismo. Al capitalismo no le interesa la familia, le interesa el trabajo. Por otro lado, encuentro mucha apatía, indiferencia y de hasta nihilismo. Frente a esto el ‘sálvese quien pueda’ está a la orden de día. Esto es la herencia de los 90. Trato de pasarla lo mejor que pueda soluciono lo mío de mi familia y sigo. Sin embargo, sí hay cuestiones que hacen que la sociedad se active. Quiero resaltar con el tema minería, a Mendoza, la saca del letargo; para unos y para otros es una cuestión de vida o muerte. Están los que dicen que minería es la anulación de todo lo que Mendoza ha sido y es y los que creen que debe priorizarse. Lleva a que la gente se involucre se active muy fuertemente. Sí que nos inquieta.

-¿La tecnología ha influido considerablemente en estos cambios?

-NC: Las tecnologías han hecho que los adultos y los niños tengamos vínculos diferentes, no sé si mejores o peores, porque por un lado yo puedo trabajar de mi casa y conectarme vía skype con una amiga en Italia, puedo enviarles una nota a ustedes, corregir una tesis en el momento, poder verle la cara a cara a una amiga que vive en Italia es buenísimo. Pero al mismo tiempo esta inmediatez que tiene la informática, implica que hay un límite muy débil entre lo que es fantasía y realidad. No es lo mismo que me conecte con alguien a quien conozco y con quien he hecho un vínculo real y luego utilizo la informática para mantener ese vínculo vivo y otra diferente es cuando yo genero un vínculo por Internet, en donde está la posibilidad 50 y 50 que se fantástico, que todo lo que me diga sea cierto o no; ese límite  de lo vincular, en lo que es on line, se pierde.

Los vínculos modificados por las nuevas tecnologías.

 

-LA: Esta accesibilidad a la tecnología, en estos últimos diez o veinte años, estos objetos que se ofrecen al por mayor generan una fantasía de necesidad en el sujeto y frente a la necesidad se establece la demanda. Entre esta necesidad y esta demanda parece que una de las cuestiones que observamos que viene pasando es una obturación del deseo. Se coarta lo que caracteriza al sujeto: desear. Frente a tanta oferta se genera una gran situación de no deseo.

-GC: Las nuevas tecnologías también inciden por supuesto. Nos han permitido tener abundancias de objetos. Cuando yo era chica te regalaban una muñeca y era “la” muñeca; en cambio ahora los chicos tienen miles de juguetes y no los valoran. Esto mismo se ve en los vínculos. El tema de los gestos el cara a cara lo corporal se pierde completamente en las redes sociales y si es lo único que hacemos estamos indudablemente perdiendo un componente muy importante que no puede ser suplantado de ninguna manera esto tiene que tener consecuencias para la psiquis.

-¿Coinciden en que no hay tolerancia a la pérdida y a la frustración?

-LA: Lo que se ve superficialmente es la falta de compromiso en los encuentros, es más fácil conectarme por Internet, es más fácil mandarte un mensaje o contestarte cuando quiero y de la forma que quiero. No hay tolerancia a la espera, a la frustración y a la incertidumbre. En muy poco tiempo la tecnología nos ha generado cambios culturales y psíquicos que creo que los vamos a evaluar en las próximas décadas. Pensamos que con un clic tenemos el mundo en una computadora.

-NC: Cada vez menos existe el vínculo, porque cada vez estamos más pendientes de esta cuestión inmediata con alguien que no existe, porque no hay tolerancia a la frustración. Un vínculo real implica que yo voy a tener frustraciones sí o sí. No hay cuidado del vínculo, vos no vas a dejar tu vida por el vínculo, pero cuidarlo trabajar por eso les perece demasiado esfuerzo. Si me cuesta esfuerzo, si no me produce gozo lo descartamos y ni siquiera hay un planteo del esfuerzo que un vínculo requiere de ambas partes, no me satisface, se termina el vínculo. Nadie quiere pasar por el sufrimiento del término de una relación, por ejemplo.

-GC: La capacidad de tolerar la frustración es algo que estamos perdiendo y puede ser algo altamente peligroso. La tolerancia a la frustración y la posibilidad de tener éxito en la vida está relacionada. Está comprobado que alguien que sabe esperar y soportar el vacío es alguien que podrá superarse y superar la adversidad.

-Da la sensación que todo es exprés que no hay procesos…

-LA: Tenemos esta dificultad de los procesos, es una dificultad de la época; de no soportar el proceso, todo es rápido. ‘Cocine la torta sin horno, haga un huevo frito sin sartén, velatorio exprés, ya no lloramos al muerto.

-NC: es que eso implica tiempo y esfuerzo y son las dos cosas que la gente no quiere. El proceso es tiempo y esfuerzo y a veces implica llanto, implica angustia y una reubicación frente a esta realidad que no es la quiero pero es la que tengo y la otra realidad que es la quiero, pero no la tengo. Eso a la gente le suena demasiado esfuerzo.

-¿Cómo evalúan el tema de la falta de límites?

-NC: Un filósofo decía que los límites son las marcas en la carretera, cuando vas por una ruta que no tiene marcas hay una sensación de inseguridad todo el tiempo. Cuando un chico no tiene esos límites, la sensación de inseguridad, no de libertad, es grande. Cuando nosotros quitamos el límite del vínculo, nosotros obligamos a los chicos a  que sean adultos antes de tiempo.

-LA: Un límite tanto desde la ley como desde el psicoanálisis es aquello que prohíbe y es aquello que habilita. Un sujeto sin límites no solamente no sabe lo que no puede sino lo que puede, no sabe ninguna de las dos cosas. Y esto es lo que genera un gran desconcierto en los niños, los adolescentes y los adultos.

-¿Qué pronóstico pueden hacer si estas condiciones del entretejido social se mantienen?

-LA: Hay una gran crisis socio cultural que nos está conduciendo a lugares insospechados, creo que no tenemos idea de lo que nos espera en veinte años más. Si en diez años la forma de vincularnos cambió tanto qué nos espera en veinte años más, cómo serán los vínculos, la forma de comunicación.

Sin embargo, confío y creo esto de debatir es el baluarte que uno puede establecer en la relación con el otro. Confío en que se puede el tema es que hay que discutir qué nos está pasando. Confiar más en el otro en uno y en las capacidades que tenemos. Preguntar y escuchar.

-NC: tenemos que rever los vínculos en sociedad, pero soy optimista en esto. Salimos de situaciones mucho más grave. Clima, sísmico cómo no vamos a poder salir de la empresa más valiosa para nosotros, el vínculo con otro. Siento que estamos pensando todo el tiempo a Mendoza. Está en el ADN del mendocino mejorar. Necesitamos creer que podemos. Todo cambio tiene que tener un anclaje en lo anterior. Es lo único que nos da certeza de que podrá funcionar. Creo que vamos a salir muy bien de esta.

-GC: Tal vez nos hayamos ido al otro extremo. De todas formas seguimos teniendo necesidad del vínculo humano. Necesitamos al otro pero no está costando mantener estas relaciones más estables. Sin embargo, creo que es más positivo, se están sincerando las relaciones. Más libertad para vivir más como queremos. Vivir más nuestro propio deseo no el deseo del otro. Asimismo creo que las sociedades tienen sus mecanismos de ajustes y reajuste permanente.

Verónica Gordillo y Jimena Catalá.

¿De qué cuerpo hablamos en la anorexia y la bulimia?

anorexia

Por Laura Alcaráz /

Estos son problemas frecuentes en nuestra sociedad actual, la necesidad de amoldar el cuerpo a una imagen, a una forma imaginaria. Son cuerpos violentos y violentaos que amenazan y se desconocen a sí mismos.

El cuerpo del espejo. El cuerpo que miran los demás. El cuerpo bilógico. El cuerpo psíquico. Cuerpo marcado por las experiencias. El cuerpo que “debe” entrar en talles únicos. Imagen corporal que se siente y se sufre. El cuerpo habla de un conflicto y encarna la satisfacción en sí mismo. Cuerpo que hace de refugio y hace de intemperie. Cuerpos dóciles. Cuerpos capaces de la más exigente autodisciplina. Cuerpos dispuestos a transformarse, a modificarse.

Un cuerpo es más que un organismo. El cuerpo puede ser el lugar donde se inscriben significantes que al estilo de los jeroglíficos pueden cifrarse y descifrarse. Síntomas contemporáneos frente al imperativo estético de la época. Cuerpos obedientes que responden al pie de la letra a la necesidad de vaciarse en la anorexia y de llenarse para vaciarse en la bulimia.

Necesidad de amoldar el cuerpo a una imagen. Necesidad de hacer entrar el cuerpo en una forma imaginaria. Cuerpo que busca desesperadamente una identidad. Cuerpos  violentos y violentados,  que amenazan y se desconocen a sí mismos. El cuerpo representa, en la anorexia y la bulimia, un problema para el sujeto, que vive su cuerpo como algo exterior y ajeno a su subjetividad.

Enfermedad del deseo. Síntoma anoréxico que responde al atiborramiento del Otro. Sujeto que para preservarse en su posición deseante, rechaza el alimento en sus dos modalidades: ingerir nada o ingerir todo para luego vomitarlo, expulsarlo de su cuerpo. Esta parece ser la única forma de zafar de la demanda asfixiante del Otro. Una forma de independizarse de la presencia agobiante que el Otro le produce. Una forma que encuentra para distanciarse, diferenciarse y  separarse del Otro.

Etiquetas diagnósticas: ser “anoréxica” o “bulímica” constituye una respuesta a la pregunta por la propia identidad, que brindan una pseudo-respuesta que aliena al sujeto de ahí la necesidad de ir más allá del síntoma tanto en el proceso diagnóstico como en el terapéutico: las etiquetas sólo sirven para confirmar la falsa identidad.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar

www.aabramendoza.com.ar

 

Sobre madres e hijas: un vínculo de amor y odio

madres e hijasPor Laura Alcaráz /

La psicóloga Laura Alcaraz, columnista de “¿No será mucho?”, programa de MDZ Radio, se mete en esta oportunidad con la relación entre madres e hijas. Leé su punto de vista y mañana por la mañana escuchala y mandale tus preguntas.

De hijas y madres. De colines, vestidos, sonrisas, gestos y muecas que se asemejan. A la cada vez más temprana adolescencia que enfrenta a los límites: los que se pudieron poner, los que no, los de las niñas- adolescentes y por supuesto los de las madres. Limites internos que marcan que no se es, como se esperaba ser. Ni ella es como esperaba ni yo soy como deseaba.  Que hay diferencias. Y que algunas de ellas pueden ser un abismo. Madres e hijas de la unión a la queja del desencuentro.  De una relación idílica a una relación real. El vínculo entre madres e hijas es un vínculo que siempre da para hablar y nos invita a  reflexionar.

Lacan explica esta relación con la palabra francesa “ravage”, traducida habitualmente por “estrago” y  “devastación”. Suena fuerte, pero tanto hijas como madres han  vivido y sentido en algún momento de la vida este impacto. Devastación por la cercanía asfixiante o por la ausencia excesiva. Estrago de presencias, de cortes no encarados, del sin límites…

Freud dirá “un amor que pide exclusividad y no se contenta con fragmentos… es un amor propiamente sin límite, incapaz de una satisfacción plena y por esta razón está condenado esencialmente a terminar con una decepción y dejar lugar a una actitud hostil”. La hija se consagra a su madre o la rechaza. Vinculo que quedará oscilando entre el amor y el odio.
Odio que se sostiene en la privación  original de estar “mal hecha”, no ser como el varón, por lo tanto castrada. La niña siempre queda un poco en déficit, ella nunca termina de separarse de la madre y el peligro del retorno de esa figura materna la “acosa”. Ella a lo largo de su vida no cesara de resistirse, de defenderse de diferentes maneras sintomáticas de ese peligro.

 

“La niña está en un estado de reproche, de desarmonía con su madre. Tengo bastante experiencia analítica para saber cuán devastadora puede ser esta relación” dirá Lacan
Esta relación devastadora, de estrago no debe ser entendida como el resultado de una desastrosa relación entre madre e hija a causa de una mala madre.

Más bien se trataría de un hecho estructurante que da cuenta de la imposible armonía de esa relación. Madre e hija deben renunciar a ese ideal de armonía producido por la ilusión de pertenecer al mismo sexo. En la experiencia de madres e hijas se convive con la  devastadora sensación de hacer imposible la similitud. Ambas atravesaran este “ravage”. Que no es síntoma a curar, sino una condición de la relación madre- hija, un hecho de estructura que pone de manifiesto que la esencia femenina no es transferible. Pasar por allí seria una manera de aceptar que una madre y una hija no serán amigas a pesar de sus esfuerzos. Transitar esta disparidad es fundante. Es en algún punto aceptar la imposibilidad que se esconde en todo vínculo: “no todo se puede” y “no hay complemento”.

Imposible universalizar a las mujeres. Imposible determinar como ser madre. Madres de hijos varones, madres de hijas mujeres. Madres todas diferentes. No se es la misma madre con todos los hijos. Por ello en este vinculo, la mayoria de las veces sacralizado, habra que dejar lugar a las posibilidadesde e imposibilidades, a los sufrimientos y sintomas,  que pueden producirse y permitirnos que la palabra circule por aquellos intersticios de este vinculo para poder ser descifrado.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
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De la vida a la muerte y de la muerte a la vida: ¿cómo enfrentamos los duelos?

de la vida a la muerte

Por Laura Alcaráz /

Vivimos engañándonos y escapando de este tema, como si pudiéramos. “La inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida”, dirá Sigmund Freud. Hay entonces, frente a la muerte, distintos modos de pararse. Se sabe de la muerte, pero al mismo tiempo se la desconoce; no se acepta lo cerca que se encuentra de la vida.

                                                                                                             La muerte no llega más que una vez,
pero se hace sentir en todos los momentos de la vida.

Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.

Vivir implica reconocer que la vida es transitoria. Las actividades, las relaciones, las cosas que realizamos pueden dejar de estar de un momento a otro, padecemos desde que nacemos una interminable sucesión de pérdidas: dejar el seno materno, dejar la teta, dejar el hogar para asistir a la escuela, soportar que la madre atienda a un nuevo hermano, mudanzas, abandono de la escuela al graduarse y del hogar al casarse y, por supuesto, el fallecimiento de seres queridos… Perdidas en las que no podemos dejar de considerar la dolorosa necesidad de admitir los propios defectos y errores. No somos lo que nos gustaría ser, ni lo que otros esperan que seamos.

Vivir como dicen los orientales nos enfrenta al necesario trabajo de aprender primero acerca de la muerte. Ya que sin saberlo, los procesos de duelo nos atraviesan desde muy temprana edad.

No hay duelo sin pérdida de un objeto. Pero a la inversa no es necesariamente así. Toda pérdida no implica un trabajo de duelo. “El duelo es un trabajo, un proceso simbólico, intrapsíquico de  lento y doloroso desprendimiento de un objeto…” Este tiene un tiempo propio. No es una experiencia colectiva. Se  elabora entre dos términos: sujeto y objeto.

El duelo, puede ser la respuesta a la pérdida de status, de un rol, separación de los hijos en la edad adulta, etc. Por ejemplo en el caso de perder el trabajo o ser descendido dentro de una empresa se atraviesa un proceso de duelo debido a que el trabajo implica un arraigo a un lugar físico y psicológico, costumbres y hábitos que deberán ser modificados. Además enfrenta a la persona a una incertidumbre hacia el futuro: ¿qué vamos a hacer a partir de este momento?, a una pérdida de la identidad que brindaba la empresa a la que pertenecía. Pérdida también de un proyecto de vida que se había armado alrededor del trabajo (desde formar una familia, comprar una casa hasta el prestigio personal por ser parte de esa empresa).

El duelo es la reacción ante la pérdida de un objeto de amor (un trabajo, una relación, la muerte de un ser querido). No se trata de cualquier objeto. No se hace duelo por un ser  o una actividad que nos ha sido indiferente y para quien hemos sido indiferentes. Al perder a ese Otro que era mi elegido y para quien yo era su elegido, pierdo no sólo la persona sino el lugar de objeto imaginario  que ocupaba para  él. Cuando alguien muere (muerte que puede ser simbólica, como una separación o un divorcio) perdemos nuestra propia imagen devuelta por el otro cuando estaba vivo (cuando estaba con nosotros).

Hacemos el duelo por algo o alguien que haya contado para nosotros como sostén imaginario y a su vez que hayamos ocupado para él el lugar de objeto de su deseo. El duelo es un movimiento de alejamiento forzado y doloroso de lo que tanto hemos amado y que ya no está. Estamos obligados a separarnos adentro de nosotros del ser amado que hemos perdido en el exterior.

En el duelo normal el retiro de la carga afectiva que tenía ese Otro se desplaza progresivamente a otro objeto. Ese abandono se realiza paulatinamente para investir la representación de un nuevo objeto elegido. Freud dice “la libido se aferra a sus objetos y ni siquiera cuando ya dispone de nuevos sucedáneos se resigna a desprenderse de los objetos que ha perdido”…Es un proceso psicológico complejo que consiste en deshacer los lazos contraidos y enfrentarse al dolor de la pérdida.

Es un trabajo psíquico en el que se cortan los lazos y se deben deshacer para hacer algo nuevo. Implica un esfuerzo psíquico por recuperar el ligamen con otro. Este trabajo, que se realiza en un cierto tiempo y espacio, es necesario para aceptar la pérdida y readaptarnos a la realidad.

Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia
por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.

Charles de Gaulle (1890-1970) Político francés.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
Mat 1036
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
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Malestar de la cultura… malestar del sujeto

Malestar de la Cultura

Por Laura Alcaráz /

Sobre la paradójica relación entre lo que la civilización quiere evitar y lo que ella misma produce…

Se lee en los diarios: “Detuvieron al mayor distribuidor de éxtasis de Mendoza”. “Se triplico el consumo de cocaína en Mendoza”. “Aumentaron las internaciones por alcohol”. “Confirmaron que consumir cannabis eleva el riesgo de trastornos psíquicos”…

Sin embargo, pocos dicen que vivimos en una cultura de la droga, cultura que sustancializa toda gran o pequeña dificultad del sujeto. Desde la mañana, cuando tomamos cafeína al desayuno, hasta la noche, en que podemos relajarnos al volver a la casa, con un aperitivo alcohólico, o un inductor del sueño con un somnífero, claro que recetado por el médico. Una pastilla para el dolor (de lo que sea), otra para despertarse, otra para la tristeza, aquella para contrarrestar la euforia o la manía, y otra para dormir… Muchos además se activan a medida que trascurre el día, aspirando nicotina (¿qué pensaban leer?).

Los seres humanos utilizamos diferentes sustancias que afectan sobre el sistema nervioso central para enfrentar las peripecias de la cotidianeidad…Tal como dijo Freud en 1930 “…Tal como nos ha sido impuesta, la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles. Para soportarla, no podemos pasarnos sin lenitivos («No se puede prescindir de las muletas», nos ha dicho Theodor Fontane). Los hay quizá de tres especies: distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas que la reducen; narcóticos que nos tornan insensibles a ella.  Alguno cualquiera de estos remedios nos es indispensable”

Aun cuando las drogas han estado presentes en todas las culturas y en todas las épocas, hoy son más las personas que consumen drogas, hay más cantidad y hay más facilidades para conseguirlas; las legales como las ilegales. Dos son los problemas de las salas de guardia de los hospitales públicos: adicciones e intentos de suicidio. En las encuestas sobre problema sociales, se sitúa entre los cinco primeros puestos al  “problema de las drogas”.

Ya no es un problema callejero y de marginales. Todos podemos volvernos adictos a alguna sustancia, y a veces sin saberlo. ¿Todos sabrán que tomar 350 ml. de cerveza diaria, 150 ml. de vino (menos que un “cuartito”) o 40 ml. de licor, coloca al sujeto en el lugar de dependiente a ese objeto? O ¿Sabrán que si no se puede conciliar el sueño sin el psicofármaco recetado hace unos años o uno meses, están padeciendo de una dependencia a ello?

El consumo de sustancias(o la ingesta, como quieran denominarla) es cada vez más permisivo, y esto nos hace creer que “no sucede nada si se consume”, sobre todo con las sustancias de uso legal como el tabaco, el alcohol y los psicofármacos.

En nuestro país es un problema que va cada día en aumento, involucrando a menores de edad y a más mujeres de las que uno puede imaginarse. En el rango que va de 14 a 60 años, es decir las edades más productivas de la vida de un ser humano, se observa que de cada 100 personas que consumen, 10 a 20 tienen problemas con su manera de beber o con su consumo de drogas ilegales, o con las prescripciones médicas obtenidas por algún método inadecuado (la frase usual es “doctor: ¿me hace la recetita?”). De estas, 3 o 4 son mujeres.

La dependencia a algunas drogas (legales o ilegales) genera problemas físicos, psicológicos, sociales y financieros. Quedarnos en este concepto y desplegarlo con los daños que causan las drogas: ¿No será reducir el problema? ¿Serán los daños asociados al consumo, algo de la órbita individual? ¿Acaso es tan sencillo para los sujetos querer lo que nos hace bien y tratar de evitar el mal? Si fuera asi podríamos hacer una lista de todo lo que podríamos evitar…y no podemos.
Las  adicciones, son un problema del sujeto y de la cultura ¿Cómo podemos hablar de los daños que causan los objetos, cuando el problema es más que el objeto de consumo? ¿Por dónde empezar a pensar un tema tan complejo?

Interrogarnos sobre la incidencia de la cultura en el sujeto, puede generar nuevos aportes a lo social.

Re-pensar los efectos sociales de ciertos mensajes de los medios masivos de comunicación como los que leímos.

Reivindicar ciertas políticas de salud, que apuntan al sujeto sin estigmatizarlo ni juzgarlo, ocupándose de reducir riesgos y daños para formular aportes a la clínica del sujeto.

Generar espacios de cuestionamiento de la problemática en el marco de la intervención psicológica, social y comunitaria que incluye la participación del medio social, familiar y especialmente la inclusión del paciente como protagonista de su propio tratamiento.

Pensar la asistencia y la prevención desde el registro de lo posible, creando objetivos terapéuticos factibles y no ideales, diseñar estrategias institucionales sanitarias y sociales coordinadas en un plan  para cada sujeto con su problemática especial.

Presentarle al sujeto opciones posibles: un lugar para hablar de lo que le pasa, sin pasar recetas de cómo tendría que hacer con su consumo y su vida. Para eso parece necesario corrernos del lugar de “El Mesías”, corrernos como terapeutas y como sociedad, del lugar tan peligroso que representa el creer que hay alguien tan exento de todos estos males que puede indicarnos el camino, así como de la ilusión de tomar decisiones por otro, sin que este sea protagonista de esa decisión.

Y como decía Freud, ya que no podemos escapar del malestar cultural e individual, tendremos que hacer algo con ello. Algo que supere la alternativa narcótica… ¿Pretender eliminar el malestar no será pretender eliminarse? Después de todo, el malestar es el motor del avance.

Lic. Laura Alcaraz
Matricula 1036
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar

www.aabramendoza.com.ar

Leyendas y algo más sobre las drogas

Leyendas y algo mas

Por Laura Alcaráz /

La psicóloga Laura Alcaraz responde, en su columna semanal, sobre el alcohol, el tabaco y la cocaína y los mitos y leyendas que giran a su alrededor.

“Todas las verdades que se callan se vuelven venenosas”.

Federico Nietzsche

“Droga” es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física, o ambas.

Esclarecer el uso de las mismas y el impacto real en los sujetos es imprescindible para que cada uno pueda responsabilizarse de la relación que estableció con ese objeto llamado “droga”. Negar o distoricionar la información puede matar, tanto como lo puede hacer el objeto del cual se depende, se usa o abusa.

 

Los sujetos que usan drogas no son diferentes a nosotros. Es más, podemos ser uno de ellos, sin saberlo o sin querer darnos cuenta de nuestras dependencias.

 

Con las drogas, con el amor y con el sexo, hay más mitos que realidades. Las dudas, la ignorancia, la información poco seria y la curiosidad tejen leyendas.

Alguien asegura que ha probado una determinada cosa y que es fantástica. O que conoce alguien que alguna vez le ha pasado… Así comienza el mito, que se replica y se replica en una suerte de transmisión oral que funciona desde los albores de la historia.

 

Esperar un discurso que al estilo de un amo nos indique qué hacer y qué pensar es a veces más tranquilizador que tener que arreglárselas con lo que es propio. Lo que se trae como certeza tiene que pasar a ser un interrogante que permita distintas formas de acercase a lo que no puede decirse…Aquello que duele. Permitirnos pensar en algunos de ellos nos acercara a una posición más responsable de nosotros mismos y de los Otros.

 

Algunos mitos… Sobre el alcohol

 

1. El alcohol no es una droga 

Modifica el funcionamiento del Sistema Nervioso Central, produce cambios en la conducta y la conciencia, y su consumo prolongado puede crear la necesidad progresiva de consumir cantidades cada vez mayores, para sentir los mismos efectos. Junto  a la aparición de molestias físicas y psíquicas cuando se suprime dicho consumo. Entonces es una droga, aunque no reciba el mismo tratamiento que se les da a las drogas ilegales.

2. El alcohol es un alimento

Solo aporta calorías vacías, o sea, no tiene valor nutritivo para el crecimiento y mantenimiento de la salud. Además irrita las paredes del tubo digestivo, agota las reservas de ciertas vitaminas e interfiere con la verdadera absorción de los alimentos. No es un alimento aunque se encuentre dentro del código alimentario argentino.

3. El alcohol es un estimulante 

Realmente es un depresor del Sistema Nervioso Central. Primero actúa sobre las zonas del cerebro que tienen que ver con el juicio, el razonamiento, la comprensión y otras altas funciones intelectuales que regulan la conciencia humana, la persona se desinhibe y aparecen emociones, sentimientos y conductas impredecibles, muchas veces inadecuadas, con expresiones de euforia, tristeza o agresividad. Al deprimir otras áreas del sistema nervioso, provoca trastornos en el lenguaje, en el control y la coordinación de los movimientos, y según la cantidad ingerida, se puede llegar a límites peligrosos de intoxicación
4.-El alcohol es bueno para combatir el frío

El alcohol dilata los vasos sanguíneos de la piel y da una sensación de calor, pero realmente la temperatura del cuerpo baja cuando la superficie de la piel caliente entra en contacto con el ambiente más frío que rodea al sujeto.

 

Algunos mitos… Sobre la cocaína

 

1. La cocaína es un afrodisíaco y aumenta el placer en las relaciones sexuales

Circula por el imaginario de muchas personas que la cocaína les hará mejorar sus relaciones sexuales. De hecho, hay personas que comienzan a consumir cocaína por buscar una mayor excitación sexual, desinhibirse para intentar realizar o proponer prácticas sexuales que en un estado sobrio no se atreverían a realizarlas. Como todo uso, depende de la dosis, la frecuencia y la persona lo que marcara el potenciar o no, esto.

 2. Colocar cocaína  en zonas erógenas o en los propios órganos genitales para conseguir  una mayor excitación sexual o prolongar la duración del acto

La cocaína, aplicada directamente sobre el glande o el clítoris, produce un efecto sedante sobre la zona, puede producir irritaciones sin llegar a mejorar la relación sexual, con lo que se disminuye la sensibilidad y, por ende, con ello, gran parte de la excitación sexual.

3. Si estas borracho la cocaína te quita la borrachera y si tenes que pasar un control de alcoholemia no dará positivo

Este es un mito muy común entre los consumidores. La cocaína debido a su poder estimulante del sistema nervioso central contrarresta el efecto depresor del alcohol, pero esto es solo a nivel consciente, por que el alcohol está en la sangre y la cocaína no lo hace desaparecer. Por lo tanto los controles de  alcoholemia darán positivo, debido a que el alcohol está en la sangre.

4. Si consumes cocaína estás perdido

Las personas que consumen cocaína no necesariamente tienen serios problemas de salud y sociales. Un consumo de cocaína no tiene por qué conllevar problemas serios. El consumo problemático esta más asociado a cuestiones sociales, familiares y personales, dependiendo de la frecuencia, y las características del consumo. Lo que no podemos olvidar es que la cocaína es una sustancia adictiva.

Algunos mitos…Sobre la marihuana

1. Se almacena en la grasa corporal

El THC, ingrediente activo de la marihuana, se almacena en la grasa corporal y su efecto puede durar días o incluso semanas.

 

Es cierto que la marihuana (como muchas otras drogas) entra en los depósitos de grasa del cuerpo, y es por esta razón es que puede ser detectado tras su uso, pero es la única parte de este mito que es verdad. El hecho es que los aspectos psicoactivos de la marihuana almacenados se utilizan rápidamente y mientras que el residuo de la droga sigue presente, ya no tiene ningún efecto sobre la persona.

 

2. Pérdida de la memoria

 

El consumo de marihuana provoca pérdida de memoria y una reducción general en la lógica y la inteligencia.

Este, es otro mito que tiene elementos de verdad y es sin duda la razón por la que es creído por muchos. Las pruebas de laboratorio han demostrado que la marihuana reduce la memoria a corto plazo, pero sólo cuando una persona está intoxicada con ella. No hay ninguna evidencia científica que sugiera que esto puede convertirse en un problema a largo plazo o permanente estando sobrio.

 

3. Pérdida de motivación

 

El consumo de marihuana produce apatía y falta de motivación.

Los estudios realizados en sujetos de prueba en la que se les dio una alta dosis de marihuanaregularmente, durante un período de días o semanas, encontró que no hubo pérdida de motivación o capacidad. Por supuesto, el abuso de cualquier sustancia tóxica durante largos períodos reducirá la capacidad de una persona para funcionar normalmente, pero la marihuana no es mejor ni peor.

 

4. Es una puerta de entrada hacia otras drogas

La marihuana es una droga de entrada, en otras palabras, conduce al abuso de drogas más potentes.

 

En la actualidad el alcohol puede considerarse una droga de entrada hacia otras drogas. Como en todos los usos depende de cada sujeto en particular, sin embargo la persona que elige usarla puede o no consumir otras drogas.

 

Algunos mitos… Sobre el tabaco

 

1. “Unos pocos cigarrillos al día no hacen mal” 

 

Muchos creen que solamente aquellas personas que fuman muchos cigarrillos al día están en peligro de sufrir problemas serios de salud. La enfermedad cardiovascular es la razón principal de muertes por causas relacionadas con el tabaco entre los fumadores y los no fumadores, y se puede encontrar esta enfermedad entre aquellos que tan sólo fuman de tres a cinco cigarrillos diarios.

 

2.  “Yo no dependo del tabaco, puedo dejar de fumar cuando quiera” 

 

Esto suele ser una excusa para continuar fumando. Todo fumador es dependiente física y psicológicamente del tabaco, aún fumando poco. Aunque existan personas que hayan podido dejar sin tratamiento terapéutico, el tabaco es una de las drogas que generan mayor dependencia física y psíquica.

 

3. “Conozco personas mayores que fuman mucho y nunca se enfermaron” 

 

Seguramente evocamos a algún anciano que ha fumado toda la vida y esté bien. No olvidemos que vemos solo a los fumadores que llegan a vivir más. A los que han muerto a causa del tabaco no se los ve envejecer. Una de cada dos personas que fuma fallece por enfermedades relacionadas con el tabaco. Y la mitad de ellos lo hace en la edad media de la vida.

 

4. “El tabaco ambiental no mata” 

 

Treinta minutos de exposición pasiva al humo de tabaco son suficientes para que el sistema circulatorio del no fumador se comporte de manera similar al de un consumidor. Esta circunstancia aumenta el riesgo de sufrir, entre otras patologías, un infarto de miocardio. Los no fumadores que conviven o trabajan con fumadores tienen un mayor riesgo de contraer cáncer de pulmón que los que no viven ni trabajan con fumadores. Cada cuatro cigarrillos que fuma alguien, el fumador pasivo, fuma uno.

 

Los falsos mitos en torno a las drogas existirán siempre por que los discursos conservadores se han encargado de demostrar de forma ineficiente para la ciencia pero eficiente para la conciencia social, que son malas y es imposible que nos vaya bien consumiéndolas. Lo cierto es que efectivamente existe gente que convive con ellas.

 

Lic. Laura Alcaraz

Psicóloga (UBA)

lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar

www.aabramendoza.com.ar

De drogas, mitos y tabúes…

Por Laura Alcaráz /

¿La ignorancia y el miedo no serán más adictivos que “las drogas”?, concluye su columna de hoy la psicóloga Laura Alcaraz. Un tema siempre disponible para el debate. Entrá y dejá tu opinión.

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La palabra tabú designa a una conducta, actividad o costumbre prohibida por una sociedad. Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias verdadera.

En la última década se han escuchado diversas discusiones sobre las drogas, las adicciones, las drogodependencias y los tabues asociados a ellas. Hablar de drogas y de las problemáticas del consumo, implica  considerar -o por lo menos nombrar- otras variables que generalmente se dejan de lado.

Los derechos humanos de los usuarios-consumidores, las políticas estatales existentes, el imaginario presente en la cultura, las prácticas relacionadas con el consumo, las reglamentaciones jurídicas, las prácticas sociales, la química, la toxicología, la juventud, los espacios públicos y privados…todos temas incluidos en esta problemática.

Ahora: hablar de usuarios y de drogas es desmitificar todo precepto que ponga a los sujetos como culpables. Las drogas no son ni el pecado mortal, ni la poción mágica que da vida eterna. La droga es -entre tantas otras cosas- el síntoma de una sociedad que intenta construir la figura de un ser humano que pueda trabajar más de 12 horas sin cansarse, que pueda cumplir con los ideales de belleza y felicidad impuestos por la sociedad. Un ser humano “perfecto”, “normal” y “equilibrado”… Por lo tanto, inexistente.

Se piensa  a “las drogas” como la causa de muchos males: violencia, delincuencia, enfermedad…Ocultando así verdaderos problemas como  la pobreza, la angustia, el sufrimiento, la sociedad de consumo, las conductas de riesgo por falta de información.

Parece ser muy difícil correrse de los estereotipos que sostienen como relevantes a algunas sustancias: cocaína, cannabis, opiáceos… En tanto se excluyen o consideran mucho menos relevantes a otras: alcohol, tabaco, psicofármacos… Esta distinción no tiene ningún fundamento desde el punto de vista del daño social, o de la dependencia, ni responde a la lógica científica. No obstante ello, para la representación social, “la” droga es siempre un producto ilícito, “mortalmente dañino”; y esto justificaría la prohibición de su uso, sin reconocer que las sustancias permitidas también son drogas, y se sostiene la fantasía de  que su nocividad es mucho menor.

Se disminuyen o acentúan atributos del objeto, según este sea legal o ilegal. La afirmación aceptada de que las drogas ilegales son malas, nos hace creer que las drogas legales son buenas. Pero, no es ni una cosa ni la otra.

El hecho de ser nocivas o benéficas depende de: la dosis, la ocasión para la que se emplea, la pureza, las condiciones de acceso a ese producto y de las pautas culturales de uso, entre otras variables.

El consumidor de sustancias ilegales -cualquiera sea la dosis, frecuencia y circunstancias del uso- es visualizado como un adicto, y siempre se lo identifica con una personalidad autodestructiva y con una actitud despreocupada respecto de su salud. ¿Vemos de la misma forma a los usuarios de ansiolíticos? ¿A los usuarios de tabaco?

La identificación a la sustancia como enfermedad –alcohólico, cocainómano, adicto- ofrece una explicación más tranquilizadora a la sociedad; las causas se atribuyen a un agente externo, la droga. En esa lógica, los esfuerzos deben entonces centrarse en identificarlo, aislarlo y destruirlo. No hace falta así, analizar la complejidad social, ni las injusticias que los atraviesan.

El uso de drogas se asocia cada vez más a los sectores sociales vinculados al poder y al prestigio social, en tanto que en las poblaciones excluidas del sistema productivo, la droga se constituye como estrategia de supervivencia y de inclusión.

Un gran punto del debate actual es la supuesta peligrosidad del sujeto que consume drogas.

Como se sabe, hay muchas cosas que son peligrosas, y sin embargo, no tienen la misma situación de prohibición legal o social. Así, por ejemplo, tenemos una persona diabética no medicada correctamente, los excesos de velocidad en el tránsito, entre tantos otros. Una constatación que no admitiría oposición es que en nuestro país, muere más gente de sobredosis de velocidad, que de sobredosis de drogas.

Parecemos respetar o  tolerar mucho más que otros se lastimen, se autoagredan o se castiguen con: violencia, alcohol, tabaco, intento de suicidio, grasa, colesterol, azúcares. Pero no soportamos que lo hagan con drogas.

Defendemos nuestros derechos a consumir otro tipo de objetos, comprar cosas –tal vez innecesarias-, resolver sufrimientos con medicamentos.

Corrernos de visiones simplistas que se atribuyen a las drogas y las problemáticas asociadas al consumo, es un proceso imprescindible, con el fin de posibilitar y abrir discusiones en los centros de salud, en los barrios, con vecinos, familiares de usuarios, consumidores, operadores terapéuticos, maestros, docentes, médicos, comunicadores y políticos…Entre nosotros mismos.

¿La ignorancia y el miedo no serán más adictivos que “las drogas”?

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
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Adolescentes, entre las exigencias y el vacío

Adolescentes

Por Laura Alcaráz /

La adolescencia podemos definirla como una contundente conmoción estructural en la vida de un sujeto.  Una encrucijada fundamental que supone un complicado trabajo de desidentificaciones e identificaciones, y la búsqueda de nuevos discursos  para intentar vérselas con aquellos enigmas que dan trabajo al hombre durante toda su vida:el amor, la sexualidad ,el trabajo…

 Dejar de ser niño… Y aun no ser adulto. Con el agregado, de esta época, en la que la adultez no se presenta como promesa de seguridad, estabilidad o certeza. Sino que por lo contrario, aquellos que fueran modelo de identificación en la niñez, se presentan debilitados en su posición como figuras  representativas.

El trabajo central de la adolescencia se concentra en procesar los duelos: elaborar la pérdida del ser niño, la pérdida de los padres de la infancia, de los emblemas identificatorios infantiles. Esta tarea no es sencilla. Por lo tanto la frase:”no tienen de qué preocuparse” no se corresponde con lo que, en realidad es.

Los adolescentes buscan  nuevos significantes que hablen de sí, en procura de construir un lugar propio, simbólico y diferencial. Mientras se intenta construir esto, suelen no abrir la boca. El mutismo típico del adolescente es un intento de cerrarse y procurar un espacio propio, donde el adulto no entre.

Con la dificultad de hallar emblemas identificatorios que lo orienten,  y desconcertado, el adolescente, acude a los objetos que ofrece el mercado con la ilusión de que estos puedan brindarle algún anclaje.

Allí donde unos arman la novela familiar, pueden escribir una historia, armar fantasías…Otros quedan a merced de urgencias no tramitables, no simbolizables, que no pueden procesar psíquicamente, y entonces un objeto de consumo viene como anillo al dedo.

Algunos jóvenes encuentran en el consumo de sustancias toxicas una  buena manera de sustraerse de las exigencias que la vida cotidiana les impone.

El abandono de los padres y en el extremo las altas exigencias familiares. La demanda social: sexualidad y trabajo. Entre tantos otros aspectos lo  interpelan y esto puede vivirse como sucesos devastadores.  No pueden enfrentarlo.  Al punto de tener que ausentarse (anestesiarse).   No se enteran  por un rato qué los agobia, qué no pueden.  Y alivian “mágicamente” la angustia con el consumo de un objeto transformado en droga.

¿No lo hacen por satisfacción? ¿Cómo búsqueda de placer?… Si, también. Más allá de ello, con la sustancia tóxica se sustraen del cuestionamiento social y parental que no pueden responder. Pero en la mayoría de los casos algo ocurre con el sentir y con el sentimiento de estar vivo.

El recurso a la droga o al objeto de consumo, mientras funciona bien, es una solución, y recién cuando deja de serlo, se pueden abrir otras instancias  en esa relación de necesidad imperiosa. Ahí pueden escucharse  las preguntas: ¿Por qué lo hago? ¿Por qué no puedo dejar de hacerlo? ¿Por qué quiero estar todo el tiempo colgado?

No es la droga la que define la problemática. “Es el sujeto quien construye un objeto como droga”. Serán tareas importantes, desplazar la sustancia del lugar de causa, para hacer circular palabras donde no las hay. Poder crear una pregunta, donde encontramos certezas. Pregunta que pueda acercarlos a la propia dificultad para hablar-se, la dificultad para hablar con otros, y la dificultad para utilizar significantes que los contengan en ellos mismos y en sus relaciones.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
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lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar

Depresión y adolescencia… ¿un signo de nuestra época?

Depresión y Adolescencia

Por Laura Alcaráz /

Adolescencia: época de la vida en que el esfuerzo subjetivo se concentra en poder ver, cuál es el camino que les permitirá luchar por el reconocimiento del propio deseo. No es algo que se pueda construir fácilmente  y menos aun si los  atormenta un conflicto familiar o una traumática vida afectiva.

Muchas veces ser adolescente hoy implica enfrentar la expulsión social: no tener dinero para acceder a lo que otros acceden, dificultades para sostener la educación en medio del caos social y familiar, dificultad para encontrar empleo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegalidad, violencia, deserción del sistema educativo, desprotección, disolución de vínculos familiares…

A la crisis de valores sociales y culturales, entre otros muchos, se le suman otros factores: desintegración familiar, abandono o  indiferencia frente a esta lucha que el joven comienza a emprender,  lógica y esperable a su edad,  pero  en absoluta soledad. Muchos jóvenes soportan la crisis que provoca la ruptura de vínculos que debieran estar garantizados.  Y entonces es el cuerpo el que termina tatuado, agujereado, anestesiado, aislado o intoxicado. El cuerpo de los adolescentes revela las marcas que dejan los lazos desdibujados entre padres e hijos. Quedan a la deriva. Situación de la que desesperadamente quieren huir, siendo  a veces la depresión, el tóxico o cualquier  respuesta que encuentren, una alternativa posible que les permita la salida.

Sienten que no pueden apoyarse en referentes válidos para la toma de decisiones.  O por el contrario se perciben expuestos al arbitrio traumático de  los caprichos del deseo materno o paterno.  Tienen padres que están desocupados, deprimidos, faltos de intereses o de proyectos.  O padres sobreocupados y exigidos al límite en sus tareas laborales o académicas.

En definitiva  un sin fin de situaciones generadas por la interrelación de lo subjetivo intrafamiliar e intrapsíquico del sujeto con lo social  de esta pos-modernidad, que hace a veces insoportable el vivir.

La inestabilidad emocional que provoca todo esto toma a los sujetos de diferentes modos y en diferentes tiempos subjetivos.  Los adultos cuentan con algunos  recursos más para sobrellevar la inclemencia de la tormenta social, pero los jóvenes  no.  Aún los están construyendo.

Muchos de estos fenómenos sociales lo padecemos todos.  Pero a todos no nos afecta del mismo modo.  De hecho no todos los adolescentes que soportan esta realidad terminan enfermándose. Aquí, el factor individual y subjetivo es crucial.

Algunos jóvenes padecen de síntomas depresivos muchas veces como una  buena manera de sustraerse de los avatares que la vida cotidiana les impone. Aspectos relacionados con las exigencias o desinterés de los  padres y con la demanda social: sexualidad y trabajo.  No pueden enfrentarla.  Al punto de tener que ausentarse o anestesiarse.  Y entonces no se enteran  por un rato, qué los agobia, y qué no pueden. Alivian “mágicamente” la angustia con el aislamiento.

¿“Es perezoso”?, ¿“Vago”?, ¿“No tiene motivación”? ¿“Solo piensa en el, por eso se encierra todo el día o sale todo el día”?…Puede que ese adolescente se encuentre sufriendo…Habrá que acercarse y dialogar. No dejar que esto, que es nuevo para el adolescente y su familia, pase solo. Estar ahí y escuchar es un camino posible para comenzar a hacer algo con el dolor. Dolor que implica hacerse cargo de la propia vida.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
Mat.1036
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
www.aabramendoza.com.ar