De la vida a la muerte y de la muerte a la vida: ¿cómo enfrentamos los duelos?

de la vida a la muerte

Por Laura Alcaráz /

Vivimos engañándonos y escapando de este tema, como si pudiéramos. “La inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida”, dirá Sigmund Freud. Hay entonces, frente a la muerte, distintos modos de pararse. Se sabe de la muerte, pero al mismo tiempo se la desconoce; no se acepta lo cerca que se encuentra de la vida.

                                                                                                             La muerte no llega más que una vez,
pero se hace sentir en todos los momentos de la vida.

Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.

Vivir implica reconocer que la vida es transitoria. Las actividades, las relaciones, las cosas que realizamos pueden dejar de estar de un momento a otro, padecemos desde que nacemos una interminable sucesión de pérdidas: dejar el seno materno, dejar la teta, dejar el hogar para asistir a la escuela, soportar que la madre atienda a un nuevo hermano, mudanzas, abandono de la escuela al graduarse y del hogar al casarse y, por supuesto, el fallecimiento de seres queridos… Perdidas en las que no podemos dejar de considerar la dolorosa necesidad de admitir los propios defectos y errores. No somos lo que nos gustaría ser, ni lo que otros esperan que seamos.

Vivir como dicen los orientales nos enfrenta al necesario trabajo de aprender primero acerca de la muerte. Ya que sin saberlo, los procesos de duelo nos atraviesan desde muy temprana edad.

No hay duelo sin pérdida de un objeto. Pero a la inversa no es necesariamente así. Toda pérdida no implica un trabajo de duelo. “El duelo es un trabajo, un proceso simbólico, intrapsíquico de  lento y doloroso desprendimiento de un objeto…” Este tiene un tiempo propio. No es una experiencia colectiva. Se  elabora entre dos términos: sujeto y objeto.

El duelo, puede ser la respuesta a la pérdida de status, de un rol, separación de los hijos en la edad adulta, etc. Por ejemplo en el caso de perder el trabajo o ser descendido dentro de una empresa se atraviesa un proceso de duelo debido a que el trabajo implica un arraigo a un lugar físico y psicológico, costumbres y hábitos que deberán ser modificados. Además enfrenta a la persona a una incertidumbre hacia el futuro: ¿qué vamos a hacer a partir de este momento?, a una pérdida de la identidad que brindaba la empresa a la que pertenecía. Pérdida también de un proyecto de vida que se había armado alrededor del trabajo (desde formar una familia, comprar una casa hasta el prestigio personal por ser parte de esa empresa).

El duelo es la reacción ante la pérdida de un objeto de amor (un trabajo, una relación, la muerte de un ser querido). No se trata de cualquier objeto. No se hace duelo por un ser  o una actividad que nos ha sido indiferente y para quien hemos sido indiferentes. Al perder a ese Otro que era mi elegido y para quien yo era su elegido, pierdo no sólo la persona sino el lugar de objeto imaginario  que ocupaba para  él. Cuando alguien muere (muerte que puede ser simbólica, como una separación o un divorcio) perdemos nuestra propia imagen devuelta por el otro cuando estaba vivo (cuando estaba con nosotros).

Hacemos el duelo por algo o alguien que haya contado para nosotros como sostén imaginario y a su vez que hayamos ocupado para él el lugar de objeto de su deseo. El duelo es un movimiento de alejamiento forzado y doloroso de lo que tanto hemos amado y que ya no está. Estamos obligados a separarnos adentro de nosotros del ser amado que hemos perdido en el exterior.

En el duelo normal el retiro de la carga afectiva que tenía ese Otro se desplaza progresivamente a otro objeto. Ese abandono se realiza paulatinamente para investir la representación de un nuevo objeto elegido. Freud dice “la libido se aferra a sus objetos y ni siquiera cuando ya dispone de nuevos sucedáneos se resigna a desprenderse de los objetos que ha perdido”…Es un proceso psicológico complejo que consiste en deshacer los lazos contraidos y enfrentarse al dolor de la pérdida.

Es un trabajo psíquico en el que se cortan los lazos y se deben deshacer para hacer algo nuevo. Implica un esfuerzo psíquico por recuperar el ligamen con otro. Este trabajo, que se realiza en un cierto tiempo y espacio, es necesario para aceptar la pérdida y readaptarnos a la realidad.

Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia
por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.

Charles de Gaulle (1890-1970) Político francés.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
Mat 1036
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
www.aabramendoza.com.ar

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