¿De qué cuerpo hablamos en la anorexia y la bulimia?

anorexia

Por Laura Alcaráz /

Estos son problemas frecuentes en nuestra sociedad actual, la necesidad de amoldar el cuerpo a una imagen, a una forma imaginaria. Son cuerpos violentos y violentaos que amenazan y se desconocen a sí mismos.

El cuerpo del espejo. El cuerpo que miran los demás. El cuerpo bilógico. El cuerpo psíquico. Cuerpo marcado por las experiencias. El cuerpo que “debe” entrar en talles únicos. Imagen corporal que se siente y se sufre. El cuerpo habla de un conflicto y encarna la satisfacción en sí mismo. Cuerpo que hace de refugio y hace de intemperie. Cuerpos dóciles. Cuerpos capaces de la más exigente autodisciplina. Cuerpos dispuestos a transformarse, a modificarse.

Un cuerpo es más que un organismo. El cuerpo puede ser el lugar donde se inscriben significantes que al estilo de los jeroglíficos pueden cifrarse y descifrarse. Síntomas contemporáneos frente al imperativo estético de la época. Cuerpos obedientes que responden al pie de la letra a la necesidad de vaciarse en la anorexia y de llenarse para vaciarse en la bulimia.

Necesidad de amoldar el cuerpo a una imagen. Necesidad de hacer entrar el cuerpo en una forma imaginaria. Cuerpo que busca desesperadamente una identidad. Cuerpos  violentos y violentados,  que amenazan y se desconocen a sí mismos. El cuerpo representa, en la anorexia y la bulimia, un problema para el sujeto, que vive su cuerpo como algo exterior y ajeno a su subjetividad.

Enfermedad del deseo. Síntoma anoréxico que responde al atiborramiento del Otro. Sujeto que para preservarse en su posición deseante, rechaza el alimento en sus dos modalidades: ingerir nada o ingerir todo para luego vomitarlo, expulsarlo de su cuerpo. Esta parece ser la única forma de zafar de la demanda asfixiante del Otro. Una forma de independizarse de la presencia agobiante que el Otro le produce. Una forma que encuentra para distanciarse, diferenciarse y  separarse del Otro.

Etiquetas diagnósticas: ser “anoréxica” o “bulímica” constituye una respuesta a la pregunta por la propia identidad, que brindan una pseudo-respuesta que aliena al sujeto de ahí la necesidad de ir más allá del síntoma tanto en el proceso diagnóstico como en el terapéutico: las etiquetas sólo sirven para confirmar la falsa identidad.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar

www.aabramendoza.com.ar

 

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